Me despertó un mensaje suyo: “Buen día mi amor, sabes? Anoche soñé con vos…” no tenía crédito para responderle… pese a que él me había puesto para mensajes y llamadas gratis.
Desayuné, hoy no tenía ganas ni siquiera de moverme de mi casa… Me dolían los ovarios, estaba hinchada como un sapo, y obviamente, de mal humor. Me tiré en mi cama de nuevo, y prendí la tele… Hice zapping, y dejé en Bob Esponja. Qué dibujo tan pelotudo, pero en mis días hormonales, lo que odio en mi estado normal, me cae bien… y viceversa.
Otro mensaje de mi novio: “Querés que te pase a buscar? De paso vemos un regalo para tu cumple, el que vos elijas”. Eso me animó. Apagué la tele, me vestí (reitero: estaba hinchada como un sapo y no tenía ganas de nada, por ende, no me produje demasiado) y lo esperé… No sé cuanto tiempo pasó, pero llegó en su auto, siempre inmaculado. Saludó desde la puerta a mi mamá con un gesto y nos fuimos. Obviamente, tenía esa costumbre de abrirme la puerta para que me suba, era de “esos” caballeros… Al arrancar, me tomó de la mano.
– ¿Puedo poner un CD? – le pregunté.
– El que quieras, amor.
Saqué de la cartera uno de Panic at the Disco, y lo introduje en el estéreo.
– Ay perdón, cierto que no te gustaba Panic – dije, apenas empezó a sonar la primera canción, y quise sacar el CD.
– No! Dejalo… si te gusta a vos, a mi también me va a gustar.
Yo lo miraba mientras él manejaba… Era perfecto. Sencillamente perfecto. Alto, un (muy) buen lomo, sonrisa desintegradora, pelo bonito, siempre peinado en una cresta... Se vestía bien, siempre olía rico… Además era culto, muy inteligente, músico. Tierno. Me daba mis espacios, mi libertad. Fiel. Confía en mí. No podía creer que un hombre así esté a mi lado.
Fuimos a un shopping, dado que faltaban sólo cuatro días para mi cumpleaños número diecinueve. De cada local que entrábamos, salíamos con una bolsa (regalo de él, claro está)… Luego de las compras, fuimos a mi bar preferido a tomar algo. El día se estaba tornando perfecto. Él era perfecto. Siempre lo era.
Estábamos en una mesita afuera, no había casi nadie cerca de nosotros. Ni siquiera un mozo.
Me tomó de la mano y me miró directamente a los ojos…
– Te amo – dijo.
Me desperté bañada en un sudor frío.
– MAMÁAAAAAAAAA!!!!!!!!!!! – grité desesperada.
– ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – dijo mi mamá, prendiendo la luz.
– Tuve una pesadilla má, ¿Puedo pasarme a tu cama con vos esta noche?
Dedicado a aquellas raras como yo, que demasiada perfección nos genera nada más que pavor.
Jajajaja!, sos una genia.Soy vos, si veo mucha perfeccion la repelo
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