“Me están creciendo!!!” me dijo, emocionada.
Automáticamente yo también me miré. Las mías seguían en su lugar, en su tamaño de siempre. Insulté bajito y sonreí.
Dior salve al inventor del push up. No sé quien fue, seguramente fue inventora… y me gustaría hacerle un altar para agradecerle.
El arte del escote, más que arte es una ciencia. Si nos ponemos a pensar, las tetas se pusieron de moda en los 50's, más o menos, con pechugonas como Marilyn Monroe, Jane Russell, Brigitte Bardot… sin irnos al extremo nacional de la Coca Sarli , claro está…
¿Por qué los hombres tienen tetillas? Siempre tendré esa gran duda existencial… y por qué en los 40’s, 50’s, los corpiños eran cónicos? (si se acercaban a un bajito le sacaban un ojo), y ¿porqué las mujeres tenemos la tendencia que, la que es chata quiere tener, y la que tiene mucho quiere ser chata porque le duele la espalda?… mirá si seremos boludas.
Lejos estamos ya del “Le soutien gorge”, aquella prenda sutil de algodón y encaje creada por el gran Paul Poiret (quien liberó al género femenino de la tiranía del corsé, y en cierto modo inventó el corpiño), o del “Kestos” (el predecesor del modelo actual)… estamos ya en la era donde si no tenés nada puesto, mejor. Si se te nota y se te ve todo, genial. Donde la demanda de un escote “decente” es casi como la de tener un pelo lindo (otro tema); donde algunas pocas acceden a un quirófano para lucir luego, airosas, su nueva talla de corpiño… y las que no, nos contentamos con un buen relleno, costura, tela y diseño que se adapte a nuestro cuerpo.
Ahora, te la debo si te compraste de esos push ups mágicos y se te desprende en un momento en el cual no podés huir ni pedir ir al baño a prendertelo, y notás como en vez de estar en su lugar normal, tenés las tazas cerca del cuello, aparentando ser una loba con cuatro tetas… O te la debo también (y a todas nos pasó alguna vez) cuando te das cuenta con horror que se te descosió la parte de abajo y el fierrito te está perforando lentamente hasta llegar a la aorta... Y ¿quién no se recorrió medio mundo para conseguir ESE corpiño que sea ideal para ESE vestido de espalda descubierta, que cumpla los requisitos de “que me arme, que me haga algo de teta, que no se me caigan, que no se desprenda, y que no se me mueva cuando baile”.
Siempre digo, ser mujer no es fácil. Elegir un corpiño tampoco. Tenés los push ups (y dentro de esa categoría con almohadilla, sin almohadilla, con costura central, sin costura, con base, sin base, etc), los taza soft (con arco, sin arco), los con arco sin relleno (la tela y el alambre), el sin arco (ideal para las que recién empiezan en la difícil tarea de portar tetas, a los 11, 12 años), los deportivos (con broche adelante, o sin broche? con espalda cruzada o recto?)…
Elegir el corpiño ideal es un arte… Contentarse con lo que una tiene, es una ciencia… que puede costar toda la vida agarrarle la mano.
Dedicado a todas aquellas, que pasaron más de media hora en una lencería.
